cuatro

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Porque tú y yo somos cuatro personas:

Dos veces tú, dos veces yo.

El yo que existe y el yo sin ti

Tú y tú que llegaste hasta mí.

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siempre llegué tarde a todo

nací treinta años tarde,
y tardé veinte años en darme cuenta

,.,

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Perdí la memoria sólo unos segundos, unos segundos que se convirtieron en los primeros veinte años de vida en los que me di cuenta que estaba solo. cuando desperté ya no estaba ahí, pero su misma ausencia me vaticinó que nos volveríamos a encontrar; después de todo un reptil de diez metros es difícil de ocultar.

-

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Y cuando nos miramos
despues del sexo, muertos,
tan muertos el uno del otro.

"·"

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En el agua las ondas de sonido
tardan más en desplazase
y el bandoneón sobre todos los marinos,
el amor de la enajenación,
y el miedo al hígado que traigo en el maletero.

Un relato
un día
un numero
uno más

De mi vida azul
sin ausencias pasadas
en el borde de la pagina
que vuelve al mar.

II

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De eso estoy seguro, paso en el lapso de abrir los ojos y el tercer beso del día. fue una débil sensación que me fue irrumpiendo lentamente, sentí un poco de calor, miedo, un poco de todo lo grave, de todo lo que esta por venir y que nos repite segundo a segundo. Intente concentrarme, guardar la calma, quizá no era lo que pensaba, tal vez sólo era un resfriado, hambre, el letargo de los años venideros, el tedio de las primeras horas, el día del juicio final, la perdida de la identidad o la persistencia de la memoria. Mas todo seguía muy lento, todo pasaba en intervalos definidos matemáticamente, uno se asusta al sentir todo tan milímetro, siempre he sido devoto al sistema decimal pero cada treinta centímetros debía detenerme y repetir el proceso. era un hecho le levedad en los hombros lo confirmaba, era ese extraño padecimiento del que siempre hablan en las novelas y que llena salas en el cine, el amor.

En tu cuarto

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Hay ocasiones de regreso constante
en que no reconozco tu rosto,
tu cuerpo distante de vacios en ciernes
me esconde tu nombre y me olvido de todo

En esos momentos apago la luz
para buscarte impaciente,
abro tus labios a fuerza de besos,
encuentro tus manos, estrecho tu pecho,
bebo tu perfume y recuerdo.

Y es ahí y sólo ahí cuando pasado de noches
entre las ruinas del tiempo, los espasmos, las piernas
y el aire almendrado, que digo tu nombre...

Edna
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